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La corrupción “El peor mal de la época”

En el programa de opinión EL YUNQUE, que se transmite todos los días, de lunes a viernes, en el horario de 1.00 a 1:30 p.m, por la Emisora Ecos del Atrato de Quibdó, como pocas veces, comenté en un clásico monólogo, el manido tema de la corrupción. Comentario que le llamó la atención al control […]

En el programa de opinión EL YUNQUE, que se transmite todos los días, de lunes a viernes, en el horario de 1.00 a 1:30 p.m, por la Emisora Ecos del Atrato de Quibdó, como pocas veces, comenté en un clásico monólogo, el manido tema de la corrupción. Comentario que le llamó la atención al control técnico del espacio radial, Jhonny Harold Mosquera y me pidió que escribiera sobre el particular, un artículo para EL BAUDOSEÑO.

Estoy respondiendo a la solicitud de mi amigo Jhonny Harold, por varias razones, entre otras: Primero,  comparto plenamente la iniciativa de Jhonny Harold y su hermano Jhon Jairo, de crear un periódico que con el nombre de Baudoseño, recoja las inquietudes, informaciones, realidades, propósitos y anhelos de una zona tan importante como critica de la economía y de la convivencia regional en el Chocó y segundo, porque lo que quisimos establecer en el ese análisis, debe ser conocido por mucha gente para que no se siga creyendo erróneamente que la corrupción nació en el Chocó y fue de acá donde se esparció por Colombia, Latinoamericana y el Mundo.

Haremos un breve resumen de lo planteado, comenzado por aseverar que la corrupción ha existido siempre. Ella es consustancial, si se quiere aceptar la verdad, a la existencia misma del hombre en sociedad.

Como que en cada época cambia de forma de expresión; por supuesto, que nunca antes había adquirido la dimensión de los tiempos que corren. Por eso, y, sin posar de descubridor de nada, podríamos afirmar que la corrupción es el signo más protuberante de la época que vivimos.

La corrupción ha permeado todos los espacios, todos los escenarios y todas las esferas en donde actúa el hombre de hoy: de ella no se escapan los partidos políticos de cualquier nación, ni la FIFA, idolatrada por millones de fanáticos irracionales, ni la Dimayor que maneja la hinchada irreflexiva del fútbol colombiano, ni los Policías y Ejércitos que venden armas a sus propios verdugos (guerrilleros y paramilitares), sean colombianos, gringos, sirios o de cualquier parte del planeta, ni los Jueces, Fiscales o Magistrados, Africanos, Criollos o Europeos, ni los poderosos Bancos blindados por el Fondo Monetario Internacional, ni el Banco del Vaticano, custodiado por el Santo Padre, ni los hogares de familias ortodoxas o moralistas, ni los regímenes  fundamentalistas que confunden  la política con la Religión, ni los centros educativos, ni profesión alguna escapa a este mal de la época. Es tan creciente y dañino el impacto del fenómeno de la corrupción que obligó recientemente a la ONU a realizar un foro especial en Londres, exclusivamente sobre el tema.

Por supuesto, que el Chocó, en este mundo globalizado, tampoco se escapa, y solo es el reflejo de lo que se da en Colombia y en América Latina; naturalmente guardando las debidas proporciones y las características peculiares.

De todas maneras conviene precisar, que corrupción no es solo robarse el dinero del Estado, es también, negarle a los pueblos los medios para el desarrollo y el apoyo que requieren para mejorar su nivel de vida; corrupción es mentir; corrupción es violar las reglas mínimas de convivencia ciudadana; corrupción es negarle los medicamentos a los enfermos, en fin, corrupción es atentar contra los valores de la vida, contra los derechos fundamentales, contra la verdad y contra el derecho de la naturaleza de seguir existiendo para garantizarnos una vida medianamente digna.

Por: Rodrigo Córdoba Mena.

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